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¿Dónde está el Cielo?

La Jardinera - 20 de mayo de 2017

Mis queridas semillas,

Quiero compartir una historia muy bonita, una historia de todos los días.

Había un Samurai que iba siempre a la guerra para defender su país y al emperador, tanto hacía la guerra y luchaba, que siempre estaba de mal humor, podría ser un general, un capitán o un valeroso guerrero y no encontraba la paz, siempre hacía preguntas, no encontraba respuestas.

Su pregunta principal era “¿Dónde está el cielo?” Nadie le sabía contestar “¿Dónde se encuentra el Cielo?” Y nadie le contestaba, hasta que por fin le dijeron: “Ve a ver al sabio de la colina, habla muy poco, pero lo sabe todo”.

Subió a la montaña y llamó a la puerta y nadie contestó. Tenía muchísima fuerza, dio un puñetazo y la puerta se abrió. Iba a preguntarle a ese Maestro y que le dijera por fin, donde estaba el cielo. Era un anciano muy delgadito, y le preguntó sin saludarle: “¡¿Dónde está el cielo?! Me han dicho que tú lo sabrías”.

El anciano lo miró y correspondió con una gran sonrisa, insistió “Te he dicho que ¿Dónde está el cielo? Y aun no me has contestado”, y el sabio sonrió. Cada vez se iba poniendo más enfadado, mucho más enfadado porque no contestaba a su petición. El anciano le ofreció una taza de té o un vaso de agua y él con una patada lo tiró.

Entonces el anciano miró hacia el Cielo, vio su mirada, se inclinó hacia Arriba, siempre sin contestar y en ese momento el alma del Samurai se abrió, solamente con ese gesto comprendió que el Cielo estaba en él, no solamente arriba del techo del mundo, en el Universo, sino en él, porque estaba con la sonrisa con la paz, con la armonía, lo recibió con una gran sonrisa y amabilidad y se dio aun más cuenta que el que estaba en el inferno era él, porque se enfadaba, porque estaba rabioso, nunca estaba contento, siempre quería más, exigía más de él mismo y de los otros y lo había obtenido todo, era valiente.

Entonces continuó pensando: “Siempre estoy rabioso, no me doy cuenta de lo que hacen por mí, no soy lo suficiente agradecido, no me falta de nada, puedo vencer al más fuerte, obtengo más que lo necesario ¿Para qué me sirve controlar la guerra, mi armada y mi casa? si lo que necesito es el Cielo, es la Paz, es saber que hay una parte de mí que está llamando que se llama alma, es la que necesita el Cielo y es lo que he encontrado en este anciano, esa serenidad en su alma es la Paz en su cuerpo.

Me incliné delante de él y le di las gracias y le dije que nunca más sería grosero, que nunca más abusaría de los otros y que siempre sería feliz con lo que me dieran, que no controlaría y que de nada me serviría ni de estar celoso, ni envidioso, ni tampoco la violencia. Empecé a respirar y me retiré hacia atrás, amablemente salí de esa casa y de nuevo bajando la montaña, di las Gracias. Las Gracias al cielo que tantas veces lo busqué, estaba sobre mi cabeza, lo tenía dentro de mí y nunca lo ví”.

Mis estrellas, recordarlo, vosotras sois como ese sabio tenéis dentro el cielo, la Luz y el Amor del Universo, no queráis ambicionar más, porque con lo que tenéis es suficiente en esta vida, preparar la próxima que será, que es ya la más grande y será la más extraordinaria, estaréis sólo con los Iniciados, los seres de Luz, inteligencias y en otros planetas.

Si los acontecimientos avanzan, si avanza la sociedad, vosotros también, pero en el Camino del Alma. Todo va muy de prisa, no nos damos cuenta y ya se nos ha ido la memoria, no nos damos cuenta y ya hemos envejecido. Vamos a luchar por mantenernos despiertos y en el camino de la Luz.

Con todo mi amor,

La Jardinera