Manos Sin Fronteras Logo

Manos Sin Fronteras

¡5 minutos al día cambiarán tu vida!

Hilo de seda

La Jardinera - 12 de junio de 2017

Mis queridas semillas,

Voy a compartir con vosotras una historia muy bonita que sucedió en China, podría ser el Japón.

Una vez un joven alumno estaba aprendiendo a tirar al arco, era muy bueno pero no era el mejor, elegía las flechas las más rectas, las mejores, pero no era el mejor, algunas veces hacía él mismo sus flechas, otras las compraba o las mandaba a fabricar. Su arco era grande, bien hecho y preguntó en la ciudad si había un maestro arquero para enseñarle y todos los centros de deporte le dijeron: “Tienes que ir a ver el Samurái, vive en una alea, en un pueblecito muuuy pequeñito y allí prepara a todos los Samuráis”.

El joven dijo: “No deseo ser Samurái, sólo quiero aprender tirar al arco y ser el mejor” y volvieron a contestarle: “Sólo el Samurái, el más anciano puede hacerlo”. El joven fue a aquel pueblecito y preguntó: “¿Dónde vive el Samurái?” Y le dijeron: “Ahí al final de la calle, allí te quitarás tus zapatos y entrarás”.

El joven se quitó sus zapatos y entró y le dijo: “Maestro Samurái vengo a pedirle que me enseñe a tirar al arco”. El maestro lo miró y le dijo: “¿Para qué?”, “Quiero ser el mejor”, “Muy bien”; estaba sentado el Samurái, lo volvió a ver y le dijo: “Vas a salir a la calle, cogerás un piojo o una pulga del perro que encuentres en la calle. Un piojo es el animalito que tenemos en la cabeza cuando somos niños o una pulga, tráemela”.

El joven arquero no comprendía y dijo: “Yo vengo a prender a tirar al arco” y dijo: “Sí, he entendido y comprendido, te he escuchado, ves a buscar esa pulga”. El chico salió a la calle sin comprender, al primer perro le buscó una pulga y entró: “Maestro Samurái he encontrado una pulga”, “Muy bien has obedecido, ahora vas a coger un hilo de seda y vas a atar a la pulga sin hacerle daño, se la atas en la cintura, no le hagas daño, pero que no se escape”.

El joven no creía lo que escuchaban sus oídos, decía: “¡Cómo voy a atar un hilo de seda a una pulga!”, “Átalo, ahí tienes uno en esa rama”.

El joven fue a una rama del árbol y cogió un hilo de seda y con mucha delicadeza ató a la pulga o el piojo, lo ató delicadamente, bien atado y una vez que lo hizo, le dijo: “Maestro Samurái aquí está la pulga atada con el hilo de seda”. “¡Muy bien! Has obedecido, llévatela a tu casa y la guardarás tres meses, la alimentas que no sufra y que esté viva”.

Se la llevó a su casa y el joven no comprendía ¿Por qué tenía que hacer y obedecer a este trabajo, si lo que él quería era ser un campeón de tiro al arco? Cada día sacaba la pulga con su hilo de seda, le daba de comer, la volvía a casa, la guardaba y cada noche miraba si no estaba lastimada, si no tenía una pequeña herida, estaba bien.

Pasaron los tres meses y se la llevó: “Maestro Samurái aquí tiene usted la pulga y el hilo de seda”, la miró y le dijo: “Está bien, las has alimentado muy bien, no tiene ninguna herida, no está lastimada, hasta parece que está alegre”. El joven pensó: “¡Ay por fin me va a enseñar al arco!” y le dijo: “Llévatela a casa y vendrás cuando termine un año, al año vuelves”.

El alumno se fue y pensó: “No, yo creo que se está riendo de mí, me está tomando el pelo, no puede ser, no puede ser” y se la llevó a casa y durante un año la alimentó y la cuidó y al año llegó y le dijo: “Maestro Samurái aquí traigo la pulga y su hilo de seda”, el maestro la miró y le dijo: “Está viva y tiene buena salud, la has cuidado muy bien”, el alumno bajó la cabeza en signo de admiración, “Ahora vas a empezar a tirar al arco.

“¡Maestro! ¡Maestro Samurái! Pero si usted nunca me ha enseñado, nunca me ha dicho cómo tengo que hacer, ni la flecha ni el arco”. “Cógelo, ven conmigo”.

El joven cogió su arco y su flecha y salieron al jardín, con estas palabras le habló: “Ahora en aquel árbol ve a atar el hilo de seda en que está la pulga o el piojo ¡átalo!” y lo ató, “Ten cuidado no la lastimes, que no tenga ninguna herida” y lo ató, la pulga estaba viva. “Ahora ven aquí a esta distancia, coge el arco y la flecha” eran cien metros, era imposible ver el hilo, imposible ver la pulga y le dijo: “’ ¡Quédate aquí! Coge tu arco, pon la flecha y mira y tirarás a la pulga, la has cuidado un año, tienes que matarla ahora, solamente te fijas en la pulga, solamente”.

El joven obedeció, abrió su arco, puso su flecha y miró, apenas veía un hilo transparente y puntito oscurito, tan minúsculo que no podía verlo y le dijo: “¡Tira y mátala!”, el alumno cogió el arco, la flecha, miró, se concentró y tiró.

Mis estrellas ¿Sabéis que pasó? La flecha cortó el hilo de seda y la pulga calló al suelo viva, le dijo el Maestro: “Ahora eres el mejor arquero del mundo ¡Ve, libérala! Y deja que la pulga vaya a vivir su vida y tú ve a disfrutar tu título, eres el mejor arquero del planeta”.

Mis semillas, mis estrellas cuando el ser humano aplica la obediencia, cuando el ser humano quiere y anhela llegar a una meta y obtener lo que quiere, empieza por ir paso a paso y aplicar esa paciencia y conseguir el éxito ¿Por qué fue el primer tirador del planeta? Porque había alimentado un año esa pulga, porque le había dedicado su amor, su tiempo, su paciencia y todo su ser, era imposible que la matara, sólo el cerebro registra y el corazón manda, y pensar que podía matar a esa pulga su flecha fue directo al hilo de seda porque su corazón mandaba y su cerebro dirigía la flecha.

Así tenéis que ser vosotros, esa flecha que va al corazón de los humanos, ese arco que lleváis dentro, que voláis, que corréis, que saltáis y esa meta que lograréis porque vais a guiar las almas y dejareis como la pulga al cuerpo en la tierra y en el planeta, vosotros solamente seréis el arquero que sabréis mirar con los ojos del alma con el amor de vuestro corazón, con la dulzura que siempre está el Maestro con vosotros, con la Madonna, con su pureza, con Buda y su sabiduría, con esos Seres de Luz que os acompañan y con todo el amor del Universo. Seáis ese arquero que va siempre adelante y que siempre transmitís la Luz.

Con todo mi amor,

La Jardinera