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¡5 minutos al día cambiarán tu vida!

El trozo de pan… y algo más

La Jardinera - 02 de octubre de 2017

Vamos a compartir una historia muy bonita.

En una ciudad, en un mercado había una señora muy mayor, estaba pidiendo limosna y la gente pasaba, pero como era tan ancianita, ya no le hacían caso, había otros que mendigaban mucho más jóvenes y siempre les daban piezas a los músicos o a los más jóvenes.

Una vez un hombre al pasar la vio y dijo: “Cómo es posible que esta señora tan mayor esté pidiendo limosna, no tiene casa, no tiene nada”. Entonces se acercó a ella, sacó dos monedas de su bolsillo y se las puso en su mano. La anciana cogió las dos monedas, las miró, sonrió y dio las gracias. El hombre pensó: “Bueno, hoy tendrá para comer”; y la anciana se levantó y se puso a andar. El hombre sorprendido dijo: “¿Dónde irá?” y la siguió.

Y en el mercado, siempre son muy grandes y hay de todo, empezó a seguirla y de pronto ya no la vio y dijo: “¡Ay! estoy contrariado porque quería saber qué era lo primero que iba a hacer con sus dos monedas” y de pronto buscando se la encontró, observaba y la señora mayor fue a la panadería y compró un trozo de pan, le costó una pieza, le dieron su pan y ella FELIZ continuó su mercado.

El hombre dijo: “¡Ah por fin! Ahora irá a comérselo, pero de nuevo la perdió de vista, continuó a buscarla, no la encontró, solo cuando salió del mercado salió una plaza, en esa plaza había solo un árbol y de bajo del árbol estaba sentada la anciana y él la observó.

La estaba observando en silencio y vio que en una mano tenía su trozo de pan y la otra la llevaba escondida y dijo: “Quiero quedarme para saber qué tiene en la otra mano”.

Entonces la anciana empezó a echar un mordisco a su pan, estaba feliz y de la otra mano de pronto sacó una rosa hermosísima, con un perfume agradable y la tenía en su mano, en una el trozo de pan, en la otra mano la rosa, ella iba comiendo con un sabor exquisito, con un gusto majestuoso y miraba su rosa sonriente y sus ojos estaban brillantes como dos estrellas, parecía que tenían lágrimas pero no, era solamente le brillo que le salía de sus ojos que le salía al contemplar la rosa, esa flor que para ella tenía un misterio y continuaba a comer su pan.

El hombre intrigado se acercó, la anciana ni siquiera lo vio, silenciosamente le dijo: “Disculpe solamente le he dado dos piezas, porque solamente se ha comprado el trozo de pan y ha echado a perder la otra pieza para comprar una flor ¿por qué?” Y la anciana llena de años, de conocimientos y de sabiduría le dijo:

“En esta mano llevo el pan y alimenta mi cuerpo y me ayuda para vivir, es mi motivo para vivir este pan y en esta mano llevo esta rosa que es el motivo, el por qué vivo ¿Me comprendes?”.

El hombre bajó su cara y su corazón se llenó de amor, pues la anciana le había enseñado que hay que alimentar el cuerpo y el alma, que el cuerpo tiene que vivir con el alimento, pero el alma con la esencia; así que la anciana continuó a comer su pan y continuó admirando su motivo por el qué vivir, tenía su motivo evidentemente.

Mis semillas, mis queridas estrellas, vosotros tenéis lo mismo, el conocimiento de La Enseñanza es vuestra Sabiduría, el alimento que gracias a Dios tenéis cada día en la mesa y en vuestra mano tenéis los 5 minutos que hacen que transmitáis la esencia de la vida a toda alma que viene a veros y a tocaros ¡Qué maravilla compartir con ustedes estas dos palabras tan sencillas!

El pan es el motivo de alimentar mi cuerpo y la flor es el motivo de mi existencia.

Os recuerdo que brilláis en el Universo y que sois siempre esas estrellas eternas.

Mis semillas ¡Cuánto os amo! Doy mi vida entera para vosotros, para ustedes, ojalá estuvierais siempre despiertos y gozarais de esta felicidad que es la verdadera, que es la del alma, que es la de esa señora ancianita que prefería comerse un trozo de pan pero tener su flor, porque la flor es la belleza, porque la flor, da su aroma y su esencia ¿Qué haríamos sin el alma? Seriamos solamente un trozo de carne y somos más que eso porque llevamos la Luz.

Con todo mi amor,