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¡5 minutos al día cambiarán tu vida!

¿Qué eliges, ratillas valientes o cobardes?

La Jardinera - 04 de octubre de 2017

Mis queridas semillas,

En una casa muy antigua y muy bonita, que parecía un caserío, una finca o una hacienda, vivía una familia muy feliz y tenían un gatito, ese gatito estaba mimado, era bueno, juguetón, especialmente con sus vecinos que eran los ratones.

Habían varias ratoneras donde había ratoncitos preciosos con esos ojitos vivos, tan bonitos que reían, sus bigotitos, sus orejitas, pero tenían que ser muy avispados para ir a buscar comida, porque el gato aunque no tenía hambre, le gustaba jugar con ellos, a veces jugaba tanto que los encerraba en sus garras y muchos se quedaban tirados en el suelo sin vida, otros podían escaparse, tenían más suerte.

Los ratones empezaron a hablar y a lamentarse: “No podemos continuar así, necesitamos comida y con ese gato no sabemos dónde está”. Empezaron a pasar los días y después de una semana, tenían tanta hambre que se reunieron. Cada uno daba su opinión: “¿Por qué no subimos a las habitaciones y los otros aprovechan a ir a la cocina?”.

Había un ratoncillo algo redondito, tenía mucho peso y siempre se quejaba y decía: “Yo no quiero ir porque si me hacen lavar o limpiar, no voy”. Había otro ratoncito que siempre estaba dispuesto y corría y corría y cuando se encontraba un suelo de madera bailaba, después habían otras ratillas. Una que tenía unos ojos grandes preciosos, ella siempre corría, era muy inteligente así que se alimentaba con poquita cosa porque sabía lo que era bueno y lo que le engordaría, no lo tocaba y después había otra que por la noche se levantaba para ir a la cocina y le encantaba pizza con nutella, casi siempre se encontraban con el otro ratoncillo un poquito obeso que también le gustaban las buenas cosas, pero es que ya llegaba el momento de que el gato los vigilaba tanto que no podían salir.

En esa reunión tan importante, todos dieron su opinión, pero siempre hay alguien muy brillante y dijo: “Pues según el método chino había que ponerle un cascabel en el cuello del gato”, claro todos dijeron: “¡Idea genial!”, había otra ratita muy delgadita, muy delgadita que sólo bebía gaseosa porque no le gustaba el agua, sólo gaseosa, no comía para estar delgada, pero tampoco tenía gaseosa, entonces también le respondió: “¡Perfecto! Yo que estoy siempre en la recepción oiré el cascabel y podré esconderme”. Había otra ratita, esta era más gordita y pequeñita, a ella le gustaban mucho los torreznos en caldillo, pero claro cuando tenía que entrar en la ratonera había cuchillos, menos mal que dentro había polvos perfumados y eso le alegraba la vida. Había otro ratón que no quería trabajar, no quería compromisos, no quería hacer nada, se fue de vacaciones, pero el destino lo mandó a Lyon y ahí está en una habitación encerrado aprendiendo, no puede moverse. Para irse tenía que llevarse una maletita, menos mal que todas las ratillas le ayudan. Y el último ratón tiene miedo y no quiere afrontar su verdad, no quiere trabajar, no quiere perder su bienestar porque tiene una rata en un país y quiere que lo mantenga, pero él quiere vivir también con todos los ratoncillos, sin hacer nada.

Al mentir tanto los otros ratones le dijeron: “No podemos confiar en ti, primero porque no tienes pelo y cuando sales saben que eres tú, eres el único ratón pelón; así que tienes que irte a otra ratonera, allí serás feliz y otros ratoncillos te llevarán comida porque solamente tienen un perro y los perros son amigos de los ratones”.

Así que todos contentos porque el ratón listillo, me refiero a aquel de las lecciones chinas, dijo: “Pongámosle el cascabel”, “¡SI! ¡SI! ¡SI!” ya todos dispuestos fueron a buscar el cascabel, le pusieron un lazo bien bonito y en el momento de salir, el ratón más anciano les dijo: ¡ALTO! Pararos un momento, no salgáis”, “¡Pero por qué! Tenemos ya la respuesta, tenemos nuestra salvación, cuando oigamos el cascabel sabremos dónde está y nos dará tiempo para recoger la comida”. “Ajajá”, les contestó, “Tenéis mucho valor, tenéis mucha bravura, decirme ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?”.

Mis queridas estrellas, ni el ratoncito Pérez, ni el gordito, ni la flaquita, ni el chinito, ni el francesito, ni el resto, nadie salió, nadie; Servidora os pregunta:

Ratoncillos que estáis en una Casa maravillosa, ¿Quién quiere tomar su responsabilidad? ¿Quién quiere avanzar? ¿Quién quiere lograr sus metas?

Cuando encontréis esta respuesta y os comprometáis, habréis encontrado la solución, veréis que no es tan difícil ponerle el lazo, el cascabel al gato, SÓLO ES ATREVERSE pero no hay nadie que quiera dar un paso adelante ¡Qué lástima! Los ratones son unos animales muy inteligentes, tienen varios nombres.

Para el ratón de la biblioteca los libros son sus preferidos, las bibliotecas y librerías es lo mejor para ellos, porque tienen dónde comer y hacer nidos. Los muebles antiguos y las casas como los castillos, las adoran, porque hay sillones de lana donde ellos pueden llegar y poner sus bebés bien calentitos. Después están los cocineros como ratatouille, en la cocina siempre hay algo que se ha perdido, digo bien, perdido en el suelo, porque en la cocina jamás se cae nada, nada se pierde, todo se utiliza; así que están los otros ratoncillos que les llaman los “campagnols” que son los ratoncillos de campo.

Hasta ahora os he hablado de los ratones de ciudad, la otra categoría son los de campo, tienen las orejitas más anchas, más cortas, más pequeñitos, pero los ojos son como estrellas y en principio son vegetarianos, ahora está la moda vegana; así que quizás son veganos, son preciosos, son mis preferidos, ellos limpian de las alimañas, de esos bichitos que no nos gustan, arañas y demás. Esa es la historia de los ratoncitos, son útiles, muy útiles, aunque tengan la fama tan grande de transmitirnos enfermedades, pero ellos están perfectos.

¡Ah! Está la categoría de los que están siempre donde van a tirar los contenedores, basureros públicos ¡No podéis imaginaros los tesoros que encuentran! En esos grandes lugres donde tiran de todo, cubiertos de oro, de plata, joyas sin querer, la gente es muy despistada, pero ellos van. Si hay un cojín de lana, unas plumas, todo lo mejor para su familia, dan su vida por su familia, cuidan y alimentan, no les falta de nada, son buenas madres. Estoy segura que cuando lo leáis muchos de ustedes, especialmente mis semillas femeninas, subirán encima de una silla o una escalera, no temáis, son inofensivos, son ellos que tienen miedo de nosotros. Cuántas veces he visto a mi madre con una escoba y ni siquiera había uno, pero era por si acaso.

¿OS ATREVÉIS A TOMAR VUESTRA RESPONSABILIDAD?

Si habéis podido lograr después de tantos siglos estar vivos hoy, podéis luchar y tomar responsabilidades. Quiere decir simplemente ATREVEROS A HACERLO porque ya habéis mostrado que podéis.

Sólo quiero recordaros una vez más, esa carita de ratoncillo, esos ojitos preciosos, esa rapidez, esa inteligencia, esa suavidad y ternura que tienen ellos. Si los hombres supiéramos verlos con otros ojos.

A propósito, siempre suelen ser de familia numerosa, en una ratonera siempre hay entre 50 y 100 y continúan, nosotros nos acordaremos de la mochila, iremos liberando ahora que vamos a empezar el invierno o ustedes en los países de amor que empiezan ahora la primavera, aligeren esa mochila.

Una de las ratillas, la estoy escuchando que dice: ¡VAMOS TODOS JUNTOS! ¡Échale, échale! A ver si ustedes mis semillas lo aplican, la otra ratita más pequeña siempre tiene la sonrisa y no podemos olvidar a la ratilla que le encanta estar entre la lavanda y los árboles frutales.

Con todo mi amor,