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¡5 minutos al día cambiarán tu vida!

La Casa de la Sonrisa

La Jardinera - 09 de octubre de 2017

Esta mañana ha salido el Sol y es extraordinario porque estamos en Otoño, el día es de Verano, nos acaricia y nos da todas sus bendiciones para aligerar nuestra mochila, para hacernos más buenos, para darnos esa paciencia que tanto necesitamos, para prepararnos a encontrar la fórmula mágica de transmitir esta Enseñanza maravillosa a todo el planeta y dar tratamientos, ayudarles especialmente a los jóvenes y poder prepararlos para realizar ese sueño de La Jardinera que es centros, centros de sonrisas como la Casa Templaria.

La Casa Templaria es el hotel de las sonrisas, es un lugar único y maravilloso. Era un molino, cada vez que movía esas aguas era vida, cada vez que molía el trigo, su grano se convertía en harina y la harina en pan, Alimento Divino para todo ser vivo. Hay oro en las aguas de esa Casa.

Sus habitaciones abren los brazos y os acarician antes de entrar en la cama. El olor a nenuco es de nuevo volver a ser ese bebé que recién nacido te abrazan, te miman, te apapachan y te dan esa dulzura que solamente se recibe en ese momento. Ese olor te va siguiendo todo el día porque es una caricia. Son pequeñas, acogedoras, tienen colores maravillosos que te hacen vivir por dentro. Siempre encontrarás un detalle, una decoración en donde menos te la esperas, son presentes de la gente que ama y ha amado la Casa Templaria. Han querido dejar un poquito de ellos mismos.

Hablaremos de la recepción ¡Qué acogedora! ¡Qué agradable! Siempre con sonrisas reciben a los clientes, amigos y familiares.

El comedor especial, tus ojos van directamente a las palabras más hermosas que el humano ha escrito “Je t’aime”, “Te quiero” en tooodos los idiomas, es la bienvenida de la Casa Templaria, es la bienvenida de los seres que habitan, es la bienvenida del amor que hay dentro.

Su pérgola exterior parece la casa de las hadas, de los duendes, de los gnomos. Cuando vivía el árbol de Avatar, allí dejó todos sus hilos para que sonaran, para que hicieran esos ruidos tan agradables como campanillas.

Hoy hay unos jóvenes que transmiten un arte más que centenario. Que se desviven, que dejan sus pies, su cuerpo, su amor con la danza. Empiezan como si fueran mariposas a dar vueltas con sus vestidos, con su traje, su sombreo, son las monarcas, son emperadores y terminan crisálidas.

Después esta al exterior el buffet libre, todo está preparado, parece un jardín botánico donde están todas las ensaladas, las más exóticas. La de coloridos que ya no se encuentran en la Tierra, porque han estado fabricadas con las manos que vienen del Universo.

Y un poquito más lejos está la parrilla, donde allí van a fundirse las entrecôte, las hamburguesas, la chistorra; recordando el país vasco donde viven amigos especiales, donde en esa brasa se mezclan esos aromas con hierbas aromáticas, sal y pimienta. Ese olor es un néctar para la nariz y una delicia para el paladar.

También está lo que llaman “la barra” que sale un líquido dorado, también han estado en los prados el houblon, la cebada, el trigo y han macerado para darnos ese líquido dorado como el oro que se llama “cerveza”.

Hay sillas, mesas de color rojo como la vida misma. Los parasoles son blancos y rojos para recordarnos nuestras venas y nuestros pasos, que llevan las bandejas y dan tantos kilómetros hasta esa sangre joven, viva, brillante.

Los cerezos centenarios, que solamente unas manos maravillosas como Robert, ese ser es más que un jardinero, es un arquitecto, es un hombre extraordinario que hace crecer de la tierra ensaladas, coles, judías, tomates, calabacines, de todo; árboles frutales, manzanas, peras, cerezos varias cualidades, uva, tiene muchas variedades de uva la de moscatel, la de Alfonse de la Vallée, la de Cinsault, la de perla de java, muchísimas ¡sin fin! Y todas como néctar igual que los melocotones, albaricoques, fresas, frambuesas, todo.

Parece que sea “Érase una vez …” donde había una casa como un palacio y su gran avenida estaba y está toda rodeada de la lavanda, toda es color violeta y azulada con un perfume exquisito porque es lavanda.

Detrás la lavanda está rodeada de romero, ese romero está acompañando también el tomillo, la salvia, la citronela, la menta, la verbena, todas las hierbas están en esa avenida ¡Es única! Cada período está iluminado para la miel, llega el periodo de la miel, llega el periodo de los pájaros que vienen a comer sus frutas, las abejas evidentemente, hasta las hormigas tienen su dosis. Las mariposas porque está lleno de árboles que se llaman árboles de mariposa. Tienen también un castaño, un sauce llorón, también olivos, nísperos, higueras y una gran piscina con agua transparente donde las sirenas se bañan y van dejando todo un rastro de luz y de colores.

Hay una lavandería que es de sueño porque parece la casa encantada, en realidad allí pasan sueños que han existido en todas las sábanas que hay que lavar, fundas de almohada donde los sueños se han hecho realidad, donde las sábanas han dejado también sus caricias, sus amores y sus sueños; y quizás el principio de nacimientos. Sábanas que habéis acariciado cuerpos, almohadas que habéis oído y susurrado palabras de amor.

Está también el rincón de los enamorados, pero antes tenéis que pasar también por un puente, “Puente de los caballeros”, ese puente lo hizo el antiguo propietario, no existía. Permite contemplar siempre el agua de oro y te acompañará al jardín zen.

Hay un lago, no muy grande la verdad, pero lo suficiente para llenarlo y está lleno de peces de colores rojos, grises. Están tan alimentados, siempre por la misma mano Robert, que no sé cómo se hacen tan ancianos, los cuida tanto que se multiplican sin fin, el agua es la misma del río “agua de oro”. Hay una estatua de Buda, que contempla, cuida y vigila el paso y el juego de sus peces.

Enfrente está una cueva como Lourdes que nuestra amada maestra Eliane, con sus maravillosas manos construyó y está la imagen de nuestra señora de Lourdes que siempre está con flores y deseos que le piden.

A continuación te encuentras el rincón de los enamorados, es una plataforma que está en el aire y tocando el río, está sobre el río. No existía, lo construyó el arquitecto Jokin, ingeniero en construcción y aun está ahí ese rincón maravilloso, donde sus compañeros le dieron una mano para la electricidad y el tejado, está lleno de flores. En el momento que estás comiendo oyes el murmullo del agua y ves las truchas que pasean y los patos que vienen a recibir si les echas migas de pan.

En ese mismo rincón también tiene otro nombre que se llama “El rincón del León” porque hay una fuente con una cabeza de león en piedra y la vasca, el recipiente es de piedra o una pica, no sé cómo lo llamaréis en vuestro país. Es de la época romana, debe de tener entre 1500 y 1800 años por ahí, estuvo hecha a la mano y removiendo la tierra apareció. Fue Román que la encontró. Empezó a mirar y como buen maestro de la filosofía y del conocimiento, fue rascando alrededor y después delicadamente cogió un instrumento muy fino y fue sacando toda la piedra que había alrededor y dijo: “No es una piedra, esto es una pica o un lugar donde se echaba agua o alimento” lo miramos porque no lo habíamos visto y solo se veía un trocito de piedra. Entonces se pusieron todos, se necesitaron varios hombres, la sacaron y la llevaron a ese rincón, la colocaron y es la fuente del León, está rodeada de begonias y de plantas y de bambú, es un primor, es una maravilla.

Dejaré como siempre, lo más hermoso y lo más grande para lo último.

Este palacio, esta maravilla tiene una Sala. La Sala, no tengo palabras para describirla, quien la haya visitado me comprenderá, es única. Se llama la Casa de Dios, es enorme y al entrar, allí tenéis a un símbolo primero del país donde esta de los templarios, de los Cátaros y después de tooodos los países del mundo, de todas las religiones, todo el conocimiento o filosofía que puede existir, lo encontraréis en esa Sala.

Del traje del caballero armado, hasta el traje de la dama, de Dama Carcas, de la cruz de los Templarios, a la cruz del Rey Arturo, de la Mesa Redonda, al Cid Campeador. Esta todo, todo. Es especial, allí es donde entra la humanidad entera, recibe y da, escucha y guarda, es como si fuera el cofre de la Alianza con todos los conocimientos que la Tierra posee, pero antes El Universo. Está la riqueza del incienso que nunca falta y por último las flores. Piedras preciosas como el cuarzo, el cristal, la amatista y otros. ¡Sí! Es una Sala única, sólo en ese lugar se encuentra.

Podéis contemplar aun el exterior, porque he omitido que también hay cuatro o cinco bananeros, cosa rara porque donde está La Casa Templaria, que es un palacio, que es un molino, que es un castillo del alma, hace mucho frío en invierno y nunca mueren esos bananeros, esos bananos siempre están ahí, cada año salen.

También está el jazmín y las rosas, los rosales grimpantes que suben hasta el tejado y hay también otro rincón donde hay una glicina japonesa de color azul, que ofreció Carmen Melis, la trajo de Cerdeña, allí la plantamos ella y Servidora. Está tan grande que ya la hemos dirigido hacia el tejado del vecino, allí están las alteas y continúan los rosales, porque repito, antes de entrar en el restaurante hay toda una avenida de rosales que nunca terminan de florecer, son los más hermosos jamás vistos. Están muy cuidados y muy mimados, pues el amo de la Casa, llamado Robert, los cuida, los mima y nunca da el secreto porque está muy orgulloso de sus rosales, son perfumados, empiezan los rosales y van a dar la mano a la lavanda, la lavanda llega hasta la puerta de entrada que está muy lejos, rodeada de romeros, de tomillos, y al llegar a la entrada encontramos una puerta de hierro, es un portón corredizo, es precioso, está bien hecho, también fueron las manos de Jokin que lo hicieron.

Tuvo la paciencia de construir una Cruz Templaria para ponerla en el portón y en toda la balaustrada que rodea la Casa. También trajo mástiles para poner las banderas de los países que vienen a la Casa Templaria y que los adoran.

GRACIAS Servidora da a Dios por tan gran tesoro,

GRACIAS Por tener un techo,

GRACIAS por tener los pies debajo de la mesa,

GRACIAS por tener los platos más exquisitos,

GRACIAS por las almas que han pasado; y

¡GRACIAS por tantas bendiciones!

Hoy no era este Mensaje, pero nunca lo prepara Servidora, siempre se olvida el modo de empleo y Arriba han decidido que había que quedarnos con los aromas de la rosas, de la lavanda, de todo el perfume para recordar que tenemos que dejar aún más de nuestra mochila y llenarla d todo ese lado bueno que os vengo de nombrar, que es AMOR, SABIDURÍA, TERNURA, DULZURA y sobretodo “El Hotel de las sonrisas”.

Ya continuaré porque el sueño es poder tener un Rincón de Sonrisas lleno de jóvenes que dirijan, que vivan, que disfruten y que cumplan sus sueños.

Con todo mi amor,